La Coctelera

Categoría: NÚMEROS

"y a mí, qué me importa?!"

Posteado por: Cristina el 1 nov En: Filosofías de Vida NÚMEROS - 1 comentario

 

Leopoldo Abadía (Zaragoza, 1933) es un profesor y escritor español conocido por su análisis de la crisis económica actual
Leopoldo Abadía (autor de " La crisis Ninja ") dice en su artículo: 

Me escribe un amigo diciendo que está muy preocupado por el futuro de sus nietos.
Que no sabe qué hacer: si dejarles herencia para que estudien o gastarse el dinero con su mujer y que "Dios les coja confesados".
Lo de que Dios les coja confesados es un buen deseo, pero me parece que no tiene que ver con su preocupación.
En muchas de mis conferencias, se levantaba una señora (esto es pregunta de señoras) y decía esa frase que me a mí me hace tanta gracia: "qué mundo les vamos a dejar a nuestros hijos?"
Ahora, como me ven mayor y ven que mis hijos ya están crecidos y que se manejan bien por el mundo, me suelen decir "qué mundo les vamos a dejar a nuestros nietos?"
Yo suelo tener una contestación, de la que cada vez estoy más convencido:
"y a mí, qué me importa?!"
Quizá suena un poco mal, pero es que, realmente, me importa muy poco.
Yo era hijo único. Ahora, cuando me reuno con los otros 64 miembros de mi familia directa, pienso lo que dirían mis padres, si me vieran, porque de 1 a 65 hay mucha gente. Por lo menos, 64.
Mis padres fueron un modelo para mí. Se preocuparon mucho por mis cosas, me animaron a estudiar fuera de casa (cosa fundamental, de la que hablaré otro día, que te ayuda a quitarte la boina y a descubrir que hay otros mundos fuera de tu pueblo, de tu calle y de tu piso), se volcaron para que fuera feliz. Y me exigieron mucho.
Pero qué mundo me dejaron? Pues mirad, me dejaron:
1. La guerra civil española
2. La segunda guerra mundial
3. Las dos bombas atómicas
4. Corea
5. Vietnam
6. Los Balcanes
7. Afganistán
8. Irak
9. Internet
10. La globalización
Y no sigo, porque ésta es la lista que me ha salido de un tirón, sin pensar. Si pienso un poco, escribo un libro.
Vosotros creéis que mis padres pensaban en el mundo que me iban a dejar? Si no se lo podían imaginar!
Lo que sí hicieron fue algo que nunca les agradeceré bastante: intentar darme una muy buena formación. Si no la adquirí, fue culpa mía.
Eso es lo que yo quiero dejar a mis hijos, porque si me pongo a pensar en lo que va a pasar en el futuro, me entrará la depre y además, no servirá para nada, porque no les ayudaré en lo más mínimo.
A mí me gustaría que mis hijos y los hijos de ese señor que me ha escrito y los tuyos y los de los demás, fuesen gente responsable, sana, de mirada limpia, honrados, no murmuradores, sinceros, leales. Lo que por ahí se llama "buena gente".
Porque si son buena gente harán un mundo bueno.
Por tanto, menos preocuparse por los hijos y más darles una buena formación:
que sepan distinguir el bien del mal,
que no digan que todo vale,
que piensen en los demás,
que sean generosos. . . .
En estos puntos suspensivos podéis poner todas las cosas buenas que se os ocurran. 
Al acabar una conferencia la semana pasada, se me acercó una señora joven con dos hijos pequeños. Como también aquel día me habían preguntado lo del mundo que les vamos a dejar a nuestros hijos, ella me dijo que le preocupaba mucho qué hijos íbamos a dejar a este mundo.
A la señora joven le sobraba sabiduría, y me hizo pensar. Y volví a darme cuenta de la importancia de los padres. Porque es fácil eso de pensar en el mundo, en el futuro, en lo mal que está todo, pero mientras los padres no se den cuenta de que los hijos son cosa suya y de que si salen bien, la responsabilidad es un 97% suya y si salen mal, también, no arreglaremos las cosas. 
Y el Gobierno y las Autonomías se agotarán haciendo Planes de Educación, quitando la asignatura de Filosofía y volviéndola a poner, añadiendo la asignatura de Historia de mi pueblo (por aquello de pensar en grande) o quitándola, diciendo que hay que saber inglés y todas estas cosas.
Pero lo fundamental es lo otro: los padres. Ya sé que todos tienen mucho trabajo,
que las cosas ya no son como antes,
que el padre y la madre llegan cansados a casa,
que mientras llegan, los hijos ven la tele basura, que lo de la libertad es lo que se lleva,
que la autoridad de los padres es cosa del siglo pasado.
Lo sé todo. TODO. Pero no vaya a ser que como lo sabemos todo, no hagamos NADA. 
Leopoldo Abadía
P. D .
1. No he hablado de los nietos, porque para eso tienen a sus padres.
2. Yo, con mis nietos, a merendar y a decir tonterías y a reírnos, y a contarles las notas que sacaba su padre cuando era pequeño.
3. Y así, además de divertirme, quizá también ayudo a formarles. 

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APUNTES SOBRE EL INFINITO

Posteado por: Cristina el 17 ago En: ENIGMAS NÚMEROS - sin comentarios

Desde muy pequeña siempre me han atraído dos símbolos o números, uno de ellos es el infinito, y su representación de un ocho tumbado. En este caso voy a escribir sobre el que acabo de mencionar.

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El próximo será el 5.

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El principio y el fin unidos interminablemente, infinitamente. Cuando en realidad te paras a pensar, solo ves una continuidad de mente, el cuero es algo efímero, es como una camiseta que te pones y te quitas y cuando está vieja la tiras, eso es el cuerpo físico. Pero lo esencial está en el espíritu, el alma, la mente o como cada cual quiera llamar al ser infinito que habita en ese cuerpo.

Representa el infinito, la eternidad y los poderes espirituales.

Es el “lazo del amor”

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Desde el punto de vista esotérico, la tierra tiene nueve estratos y en el noveno se halla el símbolo del infinito. Es necesario saber que el símbolo sagrado del infinito se encuentra en el corazón de la tierra, en su núcleo viviente y tiene forma de un ocho colocado en forma horizontal. En el Santo Ocho, en el símbolo del infinito, se halla colocado simbólicamente el cerebro, corazón y sexo del genio de la tierra.

Los dos círculos opuestos del Santo Ocho, representan el cerebro y el sexo. El centro del Santo Ocho es la sede simbólica del corazón. La lucha es terrible, cerebro contra sexo, sexo contra cerebro, y lo que es más terrible y lo que es más amargo es aquello de corazón contra corazón. Todos los seres organizados que viven sobre la superficie de la tierra, están estructurados de acuerdo con este símbolo.

En el centro del Santo Ocho, existe un átomo central en el cual gravitan las doce esferas de vibración cósmicas dentro de las cuales debe desarrollarse una humanidad solar. Nueve meses permanece el feto dentro del vientre materno y nueve edades son necesarias para que nazca la humanidad planetaria.

La novena esfera es el sexo. En la novena esfera se encuentran el fuego y el agua, origen de mundos, bestias, hombres y dioses. Toda auténtica iniciación blanca comienza por allí.

Acceder a un símbolo, a una conciencia o a un ser, es como sumergirse en un mar.

Se percibe tan sólo una porción de lo que ese infinito es. ¡ Y es esta la riqueza de la vida !

A medida que se va creciendo se experimentan nuevas facetas de aquello que se ha encontrado en el camino y se amplía paso a paso la comprensión. Pero aquello que cada uno va descubriendo vibra en afinidad con su propia energía. Cada viaje es diferente.

Cada ser tiene infinitas posibilidades de experimentar la vida, el universo, etc.; que a su vez son diferentes de las infinitas posibilidades que tiene cualquier otra conciencia aunque estén enfocadas en un mismo nivel de realidad o dimensión.

Cada cultura, por ejemplo, otorga diversos significados a los mismos símbolos. Esto podemos mirarlo como a una contradicción; pero también podemos verlo como que, en conjunto, aportan al significado profundo de cada símbolo.

Todo se abre al infinito, y cada ser ve la cara del infinito que necesita o atrae por afinidad en determinado momento. En este contexto pierde sentido la búsqueda de una verdad absoluta o de "alguien" poseedor de "La Sabiduría".

Te resuena como verdad o sabiduría, aquello que es más afín a tu visión.

Aquello que comparte contigo una vibración...........

Aquello que en definitiva recuerdas.





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