Ayer os hablaba de Galileo y es que hace tiempo leí un libro titulado “El dedo de Galileo” de Peter Atkins.

Y me llamó la atención el nombre o el libro, no lo se, yo voy paseando por las estanterías de una librería y es como si de repente un libro me dijese: Alto estoy aquí, llévame contigo!!! Y yo no puedo dejar de comprármelo y llevármelo a casa….


Bueno por dónde iba, el libro en cuestión se llama El Dedo de Galileo, Las diez grandes ideas de la ciencia. ¿Y por qué el dedo de Galileo precisamente?

Pues porque uno de sus dedos se conserva en un recipiente expuesto en Florencia (Italia) porque es él que indicó el camino de salida de la ignorancia medieval.

De él provino gran parte del impulso de la ciencia moderna. En esta brillante descripción de las ideas angulares de paciencia contemporánea, Meter Atkins rinde un tributo al simbólico dedo de Galileo, que tan útil resultó para desvelar la naturaleza de nuestro universo, nuestro mundo y nosotros mismos.

Es un recorrido por las diez grandes ideas, según Atkins: “Por gran idea entiendo un concepto simple de alcance inmenso, una idea seminal que crece hasta convertirse en un gran roble cuyas ramas serían de muchas aplicaciones, una especie de araña capaz de tejer una tela inmensa en la que atrapa todo un festín de esclarecimiento y elucidación”

A la ciencia solo le quedan por resolver dos problemas verdaderamente profundos, aparte de millones de problemas de un segundo nivel de hondura y un sinfín de problemas de niveles de menor importancia.

Un problema enorme es el origen del Universo. Otro es la naturaleza de la conciencia, una de las propiedades mas desconcertantes de la materia.

El origen el Universo quedará claro en cuanto hayamos ampliado un poco mas las modernas teorías de la gravedad cuántica y de las partículas, y cabe esperar que algún día se resuma en unas cuantas grandes ideas más.

Pero el problema de la conciencia puede ser muy diferente y es concebible que se resolverá sin necesidad de desarrollar una gran idea que le sea propia. El cerebro único mecanismo que hoy se sepa capaz de generar sensación de conciencia, recurre a muchos modos de actividad.