Aunque parezca legítimo sentirse airado, no lo es ofender o agredir a los demás.

A veces las personas se sienten con derecho a herir porque otra persona les ha herido.

Pero es preciso encontrar otras formas de dar salida a la ira.

APRENDER A RELAJARSE:

Las técnicas de relajación y de respiración pueden ayudar a reducir la excitación y agitación físicas que se desencadenan con la ira. Cuando se consigue estar más calmado, y la persona se toma un tiempo antes de reaccionar, puede ser más dueña de la situación y verla con una perspectiva más ecuánime.


UTILIZAR EL CUERPO:

Se trata de expresar y dejar salir la rabia de manera inocua. Cuando se está a solas uno puede preguntarse qué es lo que tendría ganas de hacer para descargar su ira. Puede ser que le apetezca chillar, despotricar, dar golpes a un cojín, correr unos kilómetros...


EXPRESARSE DE MANERA ASERTIVA:

En el acto de nombrar y expresar el propio punto de vista, lo que se siente, se realiza una importante descarga. Esto permite afirmarse, asumir los propios sentimientos teniendo en cuenta también las necesidades y los sentimientos de la otra persona.


TOMAR DISTANCIA:

Ante una situación que despierta una ira intensa y difícil de manejar puede resultar útil tomar distancia: irse para dar un paseo, pedir un tiempo para que los ánimos puedan calmarse, esperar unos minutos antes de reaccionar…

EMPLEAR LA PALABRA:

Se puede pedir a un amigo que escuche cómo hablamos acaloradamente de lo que nos disgusta. Antes le comunicaremos que únicamente necesitamos su escucha, y que es preferible que no emita ningún juicio durante nuestro monólogo.