Apolo mira cálida y fijamente a los ojos de la hermosa Eritrea. Ella comprende con toda precisión los deseos del dios y busca entre sus astucias de mujer el modo de escapar. Apolo entorna sus bellísimos y juveniles párpados y sonríe seguro de sí mismo. Esta vez, confía, sus anhelos se verán cumplidos y, una vez más, pregunta:

 

 

- Di, Eritrea, ¿qué es lo que deseas?

 

 

Eritrea mira al caprichoso dios y luego dirige sus ojos hacia la lejana línea del horizonte. En su silencio, recuerda a Casandra y su desafortunado encuentro con Apolo. "Pide, Casandra, y te será dado" le había dicho el mismo Apolo que ahora esperaba la respuesta de sus labios. "Quiero conocer el futuro" había dicho Casandra. "Así sea" de inmediato le concede Apolo. Pero no figuraba entre los planes de Casandra dar respuestas a las divinas expectativas de yacer junto a ella. Así, viéndose repudiado la divinidad le replicó: "Pediste conocer el futuro y por siempre lo conocerás sin mácula de error. Pero olvidaste un detalle Casandra, no se juega con los dioses del Olimpo y se escapa ileso. Pagarás tu cuenta conmigo pues de hoy en adelante nadie te creerá."

 

 

Pero Eritrea no quiere conocer el futuro, ni quiere unirse a Apolo, ni saber nada de sus múltiples y conocidos afanes. Eritrea quiere encontrar el modo de salir airosa de un encuentro tan poco favorable e intenta imaginar alguna petición que escape a su poder.

 

 

- Pide . - Insiste Apolo. Pero Eritrea aún guarda silencio.

 

 

-¡Vamos! - Comienza a inquietarse el dios. - ¿Qué podrías desear que yo no te pueda dar?

 

 

Y, al fin, Eritrea sabedora de lo inútil de su intento, se agacha y recoge orgullosa y firme un puñado de arena de entre las olas del mar.

 

 

- Quiero vivir - dice - tantos años como granos de arena encierra mi mano.

 

 

- Así sea. - Sentencia Apolo. Y acercándose a la bellísima Eritrea busca su piel dulce y morena entre las telas que la cubren. Eritrea retrocede con un gesto seco de su mano. Sus ojos, negros y profundos, miran al dios directa y secamente. Y la fuerza de su voluntad enciende aún más los deseos de Apolo que la abraza decidido a no perder su presa. Pero Eritrea se niega hasta más allá de donde el dios puede entender.

 

 

-¿Acaso desprecias mi belleza? - Pregunta atónito Apolo.

 

 

- Te desprecio a ti. - Contesta Eritrea sin manifestar la más mínima de las reservas, el menor temor ante las posibles represalias de los divinos antojos.

 

 

 

- Sea pues. - Responde Apolo indignado y soberbio. - Puesto que tu elección ha sido el tiempo, tiempo tendrás para cambiar de idea. Nadie si no yo podrá tocarte y para asegurarme habitarás en mi templo hasta que el deseo y la soledad te venzan. Pero recuerda, pediste alargar el tiempo de tu vida, no el de tu juventud. Ni enfermedad, ni vejez te matarán hasta que el último grano de arena que tocó tu mano se convierta en días de tu vida. Verás pasar los años y los milenios, cambiará el mundo bajo tus ojos, cambiarán los reyes y los reinos y hasta los dioses cambiarán su nombre, su historia y de lugar, pero tú perdurarás pues tantos granos de arena caben en tu mano como estrellas tiene el universo. No pertenecerás a nadie ni a ningún lugar. Y aunque todos los hombres querrán encontrarte, ninguno te tocará pues ninguno te buscará por alcanzarte, sino para escuchar mi oráculo y conocer su porvenir. De ahora en adelante, serás Sibila para que la ausencia de tu nombre te recuerde que tu larga e inmutable vida es mía. Y verás que ya nadie tiene interés en ti sino es por escuchar tu voz que no será la tuya sino la mía. Nunca más tu voluntad podrá silenciar tu boca. Jamás hombre alguno te amará, pues ninguno verá en ti la mujer que ahora yo veo.

++

 

- ¿Y si sucediese? - Preguntó aún altiva Eritrea.

 

 

 

- No sucederá. - Respondió contundente Apolo.

 

 

 

- Pero, ¿y si sucediese? - Volvió a insistir la muchacha.

 

 

- ¿Te crees comparable a Eros y Psique? Conozco bien el corazón de los hombres, eres hermosa sí, pero ninguna belleza puede sustituir el deseo y la necesidad de conocer el propio futuro o comprender el pasado. El momento que dura la lozanía de una hembra en celo es breve. Envejecerás en el tiempo que te toca y tras la decadencia no serás para nadie sino la posibilidad de una respuesta a preguntas imposibles. Si consigues que a pesar de eso algún corazón despierte bajo tu aliento yo, Apolo, dios de la profecía, de la música y la poesía, te prometo devolverte la lozanía y liberarte de tu longeva condena dándote la opción de morir si es que así lo deseas. Pero raramente las historias se repiten y sólo un amor verdadero devolverá la sangre a tus venas. Y del peso del conocimiento que te otorgo y que con los años crecerá, de ese no te podrás liberar.

++

 

Este escrito se lo debemos a: Pepa Llausás
Creative Report
Análisis de Comunicación
Plz del Olivar 3, 2º-2ª
07002 Palma

+34 627679501